Mientras esperamos que Skynet se rebele, la IA ya está curando el Alzheimer

Hay personas que cuando le piden algo a una IA lo hacen con «por favor».

No es broma. Lo he escuchado más de una vez, siempre en voz baja y con una sonrisa un poco avergonzada: «Por si acaso. Por si un día esto se tuerce y recuerdan quién las trató bien.»

Skynet. HAL 9000. El Terminator llegando del futuro para liquidar a la humanidad. Cuarenta años de ciencia ficción han hecho un trabajo extraordinario instalando en nuestra cabeza la imagen de una IA que un día decide que los humanos son el problema.

Es un miedo muy cinematográfico. Y mientras una parte del mundo debate en YouTube si las máquinas van a rebelarse, otra parte — más callada, más ocupada — está usando esa misma tecnología para curar enfermedades que hace diez años se daban por imposibles.


En 2022, DeepMind publicó AlphaFold. Un sistema de IA que resolvió en meses un problema que los científicos llevaban cincuenta años intentando descifrar: cómo se pliegan las proteínas. Un problema que bloqueaba el desarrollo de medicamentos para el Alzheimer, el Parkinson, enfermedades raras sin tratamiento. Cincuenta años resuelto en meses.

No salió en los titulares de los que anuncian el apocalipsis de las máquinas. Salió en revistas científicas, en laboratorios, en conversaciones entre investigadores que de repente tenían en sus manos una herramienta que cambiaba todo lo que sabían hacer.

Ese es el otro lado de la historia. El que no genera tanto clic.


Hace cuatro años, ChatGPT no existía. Claude tampoco. Gemini peor. Lo que hoy forma parte del vocabulario cotidiano de millones de personas era, en 2021, un experimento en un laboratorio que la mayoría del mundo no estaba siguiendo.

La velocidad a la que ha ocurrido todo esto no tiene precedentes. No en décadas. En años. En meses, incluso a veces en menos tiempo…

Y no va a parar.

Los detractores existen y algunos tienen argumentos serios que merece la pena escuchar. Pero entre los que avisan del fin del mundo y los que están usando la IA para descubrir proteínas, desarrollar nuevos materiales, diagnosticar enfermedades antes de que den síntomas y diseñar medicamentos personalizados… la realidad tiene bastante más peso que el miedo.


Entonces, ¿qué hace un negocio con todo esto?

La respuesta honesta es que depende de cuándo decides mirar.

Si miras hoy, ves una tecnología que todavía muchos no entienden bien, que genera ruido y confusión, que parece compleja y cara y reservada para empresas grandes. Y en parte es verdad — hay mucho humo, muchos que venden más de lo que pueden entregar.

Pero también es verdad que nunca había sido tan accesible hacer cosas que antes requerían equipos enteros. Que un negocio pequeño puede hoy automatizar procesos, atender clientes, gestionar seguimientos y liberar tiempo de una forma que hace cinco años era impensable a ese coste.

La pregunta no es si la IA va a transformar los negocios. Eso ya está pasando. La pregunta es si vas a ser de los que toman decisiones hoy o de los que dentro de tres años explican por qué no lo hicieron.


No hace falta esperar al JARVIS de Iron Man para empezar. Aunque, dicho sea de paso, lo que existe hoy se parece bastante más a JARVIS de lo que cualquiera hubiera imaginado hace cuatro años.

Las bases del futuro se están poniendo ahora. Y sí, ese futuro probablemente se parezca a una película de ciencia ficción.

Recuerdan las películas de ciencia ficción de hace unos años también mostraban personas hablando con pantallas táctiles, buscando cualquier información en segundos y llevando ordenadores en el bolsillo.

Eso ya es el presente.

La visión de futuro no es predecir lo que va a pasar. Es decidir si vas a estar listo cuando llegue.

Erick Ávila Sináptiko